En sectores productivos en crecimiento
"Las universidades e institutos no están acompañando al país"
Háganos una reseña de la empresa.
Topy Top es una empresa textil que tiene dos unidades de negocio bien marcadas: la industria y el retail. En el primer caso, esa unidad se dedica a la fabricación de telas y prendas de vestir, además de otros procesos complementarios como son confección, corte, estampados, bordados, etc.
La otra unidad de negocio es el retail, orientada a la comercialización de las pendas de vestir diseñadas y elaboradas por nosotros y por terceros, que trabajan para nosotros como outsourcing y proveedores estratégicos. Exportamos hacia las más grandes marcas en Estados Unidos, Europa y otros países. Otra parte de esta unidad se dedica a proveer a nuestras más de 35 tiendas ubicadas en el Perú y las 20 que tenemos en las ciudades más importantes de Venezuela. Próximamente estaremos abriendo un local en Colombia.
¿Cuántos años tiene la empresa y cómo ha sido su ritmo de crecimiento?
La empresa tiene más de veinte años, pero el crecimiento fuerte se ha dado en estos últimos cinco años gracias al despegue que hemos tenido con nuevos clientes en el exterior, además de la expansión ya mencionada con nuestros locales en el Perú, Venezuela y Colombia. Adicionalmente, tenemos previsto expandirnos en Latinoamérica e ingresar a México.
El número de trabajadores que laboran en toda la corporación, sumando retail e industria, son alrededor de 7,000 u 8,000.
¿Cómo ve el desarrollo del sector en los próximos cinco años?
Es difícil hacer un pronóstico en ese lapso. En general, si bien la industria textil ha crecido, ha sido básicamente porque han aparecido nuevos mercados. El sector textil es muy dependiente del mercado de Estados Unidos, que es el que más nos compra, pero felizmente el Perú ha empezado a expandirse a otros países, y eso ha hecho que este año la recesión norteamericana no nos golpee. Estimamos que el próximo año, pasadas las elecciones de Estados Unidos, el TLC debe estar más consolidado, por lo que debería también mejorar el panorama allá y levantarse toda esa cautela que tienen los clientes para colocar sus pedidos, lo cual nos permitiría seguir trabajando al mismo ritmo y crecer igual que en estos cuatro o cinco años.
¿Cuáles han sido los factores que han determinado el crecimiento de la empresa?
Fundamentalmente apostar por la innovación, por el eficiente empleo de la tecnología, tanto en nuestras fábricas como en la tecnología de información, que es la que da soporte a todos los procesos preproductivos y productivos. Estos factores, aunados a una cultura de bastante mística y creatividad, nos permiten hacer cualquier tipo de prenda o acabado. Nunca le decimos no a un cliente, podemos hacer lo que en otras fábricas es rechazado porque metemos bastante tecnología en cada proceso, para el caso de exportación.
Una empresa que usa intensivamente los sistemas de información tiene costos muchos más bajos que otros competidores, tanto locales como de afuera. De estos últimos, tenemos competidores en Asia, Centroamérica, África, Turquía, Malasia y Vietnam. Para competir con ellos tenemos que tener costos bajísimos. Topy Top está creciendo porque tiene calidad y precio. La calidad es algo que se debe dar ya de por sí, el cliente ahora asume que la calidad viene inmersa en el producto, pero el precio está asociado mucho a la eficiencia que tienes en tus planes, a la productividad, la tecnología que se está aplicando, para que puedas distinguirte de los demás y encuentres una ventaja competitiva.
En cuanto al recurso humano, ¿han contado siempre con suficiente personal especializado o han debido capacitar a su propia gente?
Yo he trabajado 11 años en otra empresa -Textil San Cristóbal- y ya llevo como seis años acá, y durante todo este lapso he visto siempre que el sector textil demanda una mano de obra calificada en ciertos procesos para los cuales no preparan las universidades. No tenemos especialistas en tintorería, tejeduría, desarrollo de productos, modelistas, diseñadores, carreras todas bastante solicitadas y cotizadas en este sector.
Igualmente, la mano de obra básica -operarios, confecciones, costura, bordados o estampados- tiene una curva de aprendizaje muy corta que no les permite agarrar la destreza suficiente como para tener eficiencia. No hay escuelas de formación bien acreditadas, ni expertos textiles en las universidades, la mayoría se dedica a estudiar las carreras clásicas.
Las nuevas universidades tampoco están pensando en capacitar gente en las industrias en las cuales el Perú está empezando a repuntar. La industria textil emplea mucha mano de obra, realmente tiene una amplia colaboración en el aspecto social y es multiplicadora de muchos servicios, porque trabajamos con proveedores de todo tipo -maquinarias, servicios, manualidades-, pues las 8,000 personas que laboran para hacer la producción acá, no son todas las que intervienen en nuestro proceso de exportación. Trabajamos con muchos talleres y empleamos servicios que complementan nuestra falta de capacidad de algunos picos de demanda. En ese sentido, las universidades no están formando gente en diversos sectores productivos en crecimiento. Por ejemplo, quién te enseña a administrar una empresa agroexportadora o quién te enseña toda la técnica para ser más eficiente. Las universidades y los institutos técnicos no están acompañando al país.
¿Que le diría entonces a un rector de universidad o a un director de instituto?
Le diría que tenga en cuenta a los sectores que están emergiendo en el Perú como potencial de generadores de riqueza, tanto por el lado de exportación como por el de consumo nacional. Estos sectores -como el textil, agroexportador o minero- demandan especialistas, casi todos los que tenemos son de formación empírica, o técnicos que aprenden de los manuales de las máquinas. Yo creo que una contribución importante sería que los institutos técnicos incorporen en sus ofertas académicas este tipo de carreras, lo cual ayudará a las empresas a tener personal más calificado y, por lo tanto, harán mejor uso de la tecnología.
Nosotros no somos un país capaz de igualar en muchos años a las grandes potencias, estamos muy lejos de pretender que nuestras universidades formen científicos que desarrollen chips o procesadores, pero sí podemos formar gente que aproveche y explote mucho la tecnología existente, a fin de orientarnos hacia un desarrollo más sostenido del país.
Se puede decir entonces que hay una buena oportunidad laboral para quienes deseen estudiar una carrera vinculada al sector confecciones.
Sí, porque hay una amplia gama de especialidades vinculadas con la cadena del proceso de este sector.
En una empresa textil verticalmente integrada, el proceso empieza con la fabricación del hilado, para lo que se requiere especialistas en hilandería. Luego viene el proceso de tejeduría; ahí necesitas expertos en diferentes tipos de tejido. También necesitas gente experta en laboratorio, en tintura, en mezcla; además de especialistas en confecciones, bordados, estampados, acabados, lavados especiales, etc. Si bien hay mucha química y ciencia en estos procesos, todo se hace de manera más o menos empírica o robándonos a los profesionales de otras empresas. Así, el sector textil demanda una tremenda gama de profesionales, lo cual, a diferencia de otros sectores, ofrece un abanico de posibilidades que se pueden explotar.
Muchos padres de tienen como paradigma 10 o 15 carreras tradicionales que quisieran que sus hijos estudiaran. ¿Qué consejo les daría a ellos y a los estudiantes de colegio que aún no se deciden por una profesión?
Debemos eliminar esos viejos paradigmas de querer que nuestros hijos sean abogados, médicos, ingenieros o contadores, cuatro carreras en las que se resumen las mayores expectativas, sin contar con la informática; hoy todos quieren ser informáticos. No obstante, hay que mirar hacia qué sectores productivos se está encaminado el mundo, pues el país avanza en la medida en que el mundo avanza. La orientación mundial tiende a la mayor producción, como es el caso del sector agroexportador.
En el caso del sector textil, este no va a desaparecer nunca, pues siempre tendremos que vestirnos y siempre habrá moda, nadie se viste de la misma manera todos los meses; por lo tanto, hay una creatividad constante y un gran dinamismo en este sector.
Por otra parte, debemos formar a nuestros hijos para que sean empresarios, que no se queden en lo académico, sino que tengan una orientación técnica, lo cual les dará la oportunidad de formar su propio taller, su fábrica, o empresa. Los alemanes y norteamericanos, por ejemplo, se han desarrollado por su mentalidad empresarial. Así, si uno es médico, debe pensar en tener algún día una clínica; o si se es abogado pensar en abrir su propio estudio.
Hay la creencia de que los jóvenes deben seguir necesariamente estudios universitarios, sin tomar en cuenta la alternativa de las carreras técnicas, sobre todo en aquellos que no pueden invertir cinco años en la universidad.
Todo depende de los planes que uno tenga para su vida y su futuro laboral; muchos estudian en la universidad y terminan trabajando en otra cosa, o haciendo su propia empresa en otro campo distinto al que han estudiado. Uno debe procurar ser siempre el mejor, y si ha seguido una carrera técnica, será un buen técnico y terminará poniendo un taller o una pequeña o mediana empresa; igual sucederá si ha estudiado en la universidad, será un buen profesional y hasta un buen empresario.
Sin embargo, los mayores empresarios no nacen de las universidades ni son los estudiantes más brillantes. Generalmente los empresarios, como en el caso de Topy Top, vienen de abajo, son gente que ni siquiera tienen estudios superiores, pero tienen mentalidad empresarial y han estudiado algo técnico, con lo cual han logrado más futuro aún. La universidad es un cliché, una etiqueta social que llevamos metida todos nosotros como un paradigma. Lo importante, repito, es ser bueno en la carrera que uno elija, de lo contrario no tendrá cabida por ninguno de los dos caminos.