Investigar, analizar y decidir
Algunas pautas para elegir una carrera
La primera etapa consta de la investigación, ir con cautela y no dejarse sorprender por todo lo que nos ofrezcan, hay que ver claramente si lo que hemos encontrado es exactamente lo que queremos, sin que esto implique una decisión final.
Dicho esto, el primer paso consiste en buscar la mayor información posible sobre lo que queremos, para así poder tomar una decisión con conocimiento de causa. Esta información incluye la oferta educativa universitaria y no universitaria, carreras conocidas y desconocidas, su temática, título que otorgan, duración de los estudios. También es interesante que sepamos cuáles instituciones estatales y privadas las dictan y, por supuesto, sobre la oferta laboral existente y la eventual demanda tanto en el país como en el exterior.
Otro punto a considerar son los costos de matrícula y las cuotas en instituciones privadas, sin olvidar, por supuesto, la necesaria inversión en libros, apuntes y, en algunos casos, la compra de materiales para los trabajos prácticos y equipos, además del gasto de movilidad al centro de estudios.
Es importante analizar si la carrera congenia con nuestros intereses, gustos, habilidades y si estamos dispuestos a invertir tiempo y esfuerzo en ella. Asimismo, dialogar con los padres, profesores y amigos sobre las inquietudes y escuchar las perspectivas que otros tienen sobre el tema.
Por otra parte, es indispensable conocer las casas de estudio que nos interesen, puesto que nada puede reemplazar esta experiencia. Además, estas visitas pueden ser un buen motivo para salir con compañeros y conocer nuevos barrios, transportes, ambientes y encontrarse con otros que atraviesan una situación similar. Una vez dentro de la universidad o los institutos, hay que acudir a las oficinas de ingreso, donde brindan informes, para tener una idea clara de la carrera, tomando nota en todo momento de los puntos que llamen nuestra atención. Esta visita incluye un recorrido por las aulas, pasillos, laboratorios, bibliotecas, comedores y la lectura de los carteles y afiches que cada escuela coloca en vitrinas especialmente designadas.
No hay que olvidar que las universidades e institutos organizan actividades destinadas a ayudar en la decisión vocacional y que están abiertas a todos los interesados, se inscriban o no en dicha casa de estudios. Algunos ejemplos son las conferencias informativas sobre carreras, los talleres de orientación vocacional, seminarios, talleres de simulación profesional, jornadas, etc.
Al finalizar esta etapa uno podrá haber obtenido un panorama lo más amplio posible de las opciones de estudio, inclusive de las que no están dentro de nuestros intereses, porque cuando se elige una carrera, se dice no a todas las demás y es importante saber a qué se dice no.
La segunda etapa consta del análisis, que implica una actitud reflexiva, una vez que ya hemos hecho una indagación previa y nos hemos premunido de toda la información necesaria. Se pueden mencionar tres claves orientadoras. La primera de ellas consiste en organizar y ordenar la información recogida en áreas temáticas. Una clasificación posible es la siguiente: Economía y Administración, Derecho y Ciencias Políticas, Ciencias Sociales, Letras y Ciencias Humanas, Ciencias Exactas y Naturales, Medicina, Arquitectura, Diseño y Urbanismo, Ingeniería, Informática y Sistemas, Ciencias Agropecuarias y de la Alimentación.
La segunda clave orientadora suponer relacionar las áreas entre sí, buscando una correspondencia entre los gustos y aptitudes y las carreras de cada área, descartando las que no están dentro de nuestras expectativas. Hay que tener en cuenta qué es exactamente lo que priorizamos: nuestras preferencias, las posibilidades de empleo, el prestigio, la cercanía a la universidad, etc.
El siguiente paso consiste en establecer una jerarquía de las carreras que sobrevivieron al descarte inicial, es decir, confeccionar un listado que parta desde las de mayor interés hacia las de menor interés para nosotros y trabajar sobre ellas completando la información e imaginándonos como estudiantes y profesionales. Al finalizar esta etapa se debe lograr una reducción importante de opciones sobre las que centraremos nuestra atención.
Una vez hecha la criba, estaremos en posición de elegir y tomar una decisión final. Idealmente, esta decisión debería ser la más coherente y equilibrada. Acá, el primer paso es armar un proyecto de estudio y de futuro desempeño profesional con la carrera que más se ajusta a nuestros intereses y posibilidades. Este proyecto no concluye en el ingreso a la universidad, sino que habrá que ir construyéndolo.
Luego de esto, deberemos considerar seriamente aquella carrera que haya obtenido más puntos favorables en nuestra percepción, aunque esto implique dejar de lado algunos gustos a los que se les podría dedicar un tiempo paralelo o integrarlos en el proyecto como parte de nuestro peculiar perfil profesional.
Finalmente, llegará la hora de la verdad: la decisión, que corre por nuestra propia cuenta. Una vez que hayamos escuchado opiniones y recibido consejos, además de haber averiguado lo suficiente, tomaremos una decisión en soledad, pues somos nosotros quienes llevaremos adelante el proyecto.
Si la duda persiste entre dos o tres carreras, conviene optar por la más abarcadora, que permita luego una especialización de posgrado en el área en que con el tiempo veamos afianzar nuestra vocación. Pensemos que por hoy y por siempre, lo más valioso es contar con una sólida formación científica y cultural de base que permita actualizarse y ser un profesional creativo, capaz de cambiar y de producir cambios en la sociedad.
Aclarando conceptos
Los pasos mencionados para elegir una carrera pueden realizarse espontáneamente o con la ayuda de un profesional de la orientación vocacional. Es imprescindible la consulta cuando nos encontramos trabados en cualquiera de las etapas. En este caso el especialista nos ayudará a dilucidar en qué consiste esa traba, pero sólo para que logremos decidir por nosotros mismos.
Vocación. La vocación, referida al estudio, es un deseo de aprender sobre ciertos temas y llegar a saber hacer lo que con ellos se relaciona. Es aquello en lo que resulta interesante y placentero desenvolverse. Su ejercicio produce satisfacciones personales y la necesidad de perfeccionarse, es decir, tratar de ser cada vez mejor. La cuestión es decidir quién ser, y la carrera es un medio.
Orientación vocacional. En un sentido amplio, la orientación vocacional son las acciones que se realizan para ayudar a definir la vocación y a elegir una carrera u ocupación. Las llevan a cabo las escuelas a través de ferias informativas, paneles de profesionales, confección de carteleras, visitas a instituciones, etc., o las universidades por medio de conferencias informativas sobre carreras y campo ocupacional, talleres participativos, observaciones, olimpiadas, concursos, visitas a las escuelas, etc.
En un sentido estricto, se llama orientación vocacional a las tareas que realizan profesionales, psicólogos de Educación o psicopedagogos, especializados para colaborar con las personas que en determinado momento de sus vidas necesitan tomar decisiones y elaborar un proyecto educativo o laboral.
¿Quiénes la necesitan? La orientación vocacional resulta útil a las personas que enfrentan la necesidad de tomar decisiones generalmente relacionadas con el paso de un ciclo educativo a otro. Así, y según la edad, puede aparecer la necesidad de elegir orientación para una carrera universitaria o carrera corta, un posgrado o especialización, actividades para el tiempo libre, ocupaciones o definir el perfil laboral.
Quebrando mitos
Con la vocación se nace…Es común creer que la vocación es algo innato. Esto no es cierto, no se nace para ser médico, publicista, contador o ingeniero. En todo caso se nace con algunas potencialidades que pueden desarrollarse o no, pero, en definitiva, la vocación se va construyendo a lo largo de la vida, con la historia personal, los intereses, aptitudes, valores, etc. De allí que para poder definir la vocación, es importante interrogarse y conocerse.
Vengo a que me tomen el test…Existe una cuestión mágica alrededor de los tests, como si por sí mismos pudieran resolver las dudas de las personas y vaticinar qué les conviene hacer. Los tests son pruebas de exploración psicológica que deben ser administrados por profesionales idóneos. Hay tests de capacidad intelectual, de aptitudes, de intereses, de personalidad. Cada una de estas pruebas requirió muchos años de preparación y de controles para que sean confiables, y aún así, por sí solas no revelan nada. El profesional las utiliza como un recurso más dentro de su particular estrategia de trabajo. Además, nunca un test puede suplantar la decisión, que, en todos los casos, es personal.
Fuente: Re-vista Vocacional
Argentina