El marco aparente para el desarrollo integral
Socioconstructivismo
Sin duda la autonomía es la gran finalidad de la educación: que cada persona pueda llegar a valerse por sí misma para resolver problemas, seguir aprendiendo y sobre todo para tomar las decisiones más pertinentes para el bien de su persona y de quienes lo rodean.
En particular, los maestros de educación inicial tienen la gran responsabilidad de dar los primeros mensajes sobre lo que se espera de los niños en la escuela y sobre lo que pensamos que debe ser la experiencia del aprendizaje en sí. Por ello, serán fundamentales la manera en que ellos diseñen el ambiente educativo y las actividades que los niños vivirán en él.
Ciertas propuestas promoverán la acción de un maestro que se cuestiona, inventa y evalúa sobre la base de la experiencia que se da en su propia aula, y otras no dan las condiciones óptimas para que esto suceda. ¿Puede un maestro trazar la senda hacia la autonomía de los niños si no logra moverse con autonomía en su propia tarea día a día?
Pensamos que las teorías socioconstructivistas dan un marco aparente para el desarrollo personal de los niños y las niñas que los maestros queremos promover, y que va bastante más allá de adquirir algunas destrezas importantes. En primer lugar, al tratarse de una teoría que no nos da todos los pasos concretos que se deben seguir, sino grandes ideas que funcionan como hilos conductores, creemos que fomenta una mirada abierta y creativa del maestro. La búsqueda de actividades en las que los mismos niños construyan sus aprendizajes tiene un impacto directo en la motivación hacia al aprendizaje y en la comprensión del mismo como una experiencia global, integradora y creativa. Finalmente el aprendizaje visto como una experiencia social permite el desarrollo moral de manera integrada e ineludible al desarrollo cognitivo.
¿Qué sostiene el socioconstructivismo?
El individuo -tanto en los aspectos cognitivos y sociales del comportamiento, como en los afectivos- no es un mero producto del ambiente ni un simple resultado de sus disposiciones internas, sino una construcción propia que se va produciendo día a día como resultado de la interacción entre esos dos factores.
El aprendizaje no es considerado como una actividad individual, sino más bien social. Las discusiones en grupo y el poder de la argumentación en la discrepancia entre niños que poseen distintos grados de conocimiento sobre un tema estimulan y favorecen el aprendizaje.
En este contexto, las escuelas deben proveer a los niños de actividades que les resulten significativas, útiles y que tengan en cuenta sus conocimientos previos. Los niños así se atreverán a seguir aprendiendo, especialmente porque en este contexto el error se entiende de otra manera, no se trata de actos por los que son descalificados, sino de oportunidades para el conflicto cognitivo que genera nuevos aprendizajes (errores constructivos). Estos procesos también suponen el fortalecimiento de la voluntad para aprender y la autoestima.
Asimismo, el socioconstructivismo permite entender la tarea de la escuela como la tarea de lograr que los niños aprendan a aprender, a través del desarrollo del pensamiento crítico y creativo, así como del desarrollo de la meta-cognición, elevando con ello la calidad y complejidad de los aprendizajes escolares.
Las actividades significativas integran naturalmente aprendizajes de diversas áreas, también los referidos al desarrollo de la autonomía moral, lo cual resulta bastante enriquecedor y eficiente a la vez. La moral autónoma se desarrolla en la persona a partir de sus relaciones humanas, a partir de la posibilidad de coordinar puntos de vista y deseos. Se genera una regla de oro: tratar a los demás como queremos ser tratados, y esta regla se construye a lo largo del desarrollo de cada niño, no es una imposición.
Otro de los aspectos del desarrollo personal que más debe preocuparnos en la escuela es el de las capacidades del niño como ser social. Sin duda el socioconstructivismo ofrece oportunidades singulares para el proceso de descentración del niño, el fortalecimiento de la regulación social, el aprender a aprender de otros y la perspectiva de poder solucionar problemas cooperativamente, con todas las actitudes y valores que ello supone. ¡Qué mejor educación en valores que el darles el terreno para vivirlos!
Mercedes García de Valenzuela
Directora del Colegio Trener